Mujeres adolescentes indígenas: promotoras de reflexión y toma de conciencia de las violencias contra las mujeres
Artículo de: Sonia Manzur. Cochabamba – Bolivia
Asociación Cultural Amistad y Ciencia (ACAC): Organización socia local en Bolivia.
Para comprender
Vislumbrar un camino no representa la acción, ésta, -la acción-, requiere de movimiento, de dinamización, de aventurarse hacia la senda que nos acerca a nuestros sueños y eso es, precisamente, lo que las Mujeres Adolescentes Indígenas ( MAI) -así se autodenominan ellas- están realizando a través del Proyecto “Mujeres Adolescentes Indígenas lideran la construcción de comunidades libres de violencia contra las mujeres en los municipios de Anzaldo, Colomi y Santiváñez, Bolivia”, financiado por la Junta de Andalucía, señalando que lo proyectado no se ha basado en lo que presumió como “necesario” el equipo de la Asociación Cultural Amistad y Ciencia sino, en los sentires, las necesidades y expectativas expresadas por las MAI.
Si bien en un primer momento la socialización junto a las comunidades socioeducativas de lo que supondría ese caminar fue trascendental para generar un compromiso colectivo, un segundo momento, el que les referimos, estuvo dedicado a la promoción de la praxis de las MAI como facilitadoras de procesos reflexivos, de aprendizaje y toma de conciencia respecto de las violencias que sufren las mujeres en sus comunidades.
Caminamos juntas
En la primera fase del Proyecto (2022-2023), grupos MAI de las 6 unidades educativas (dan cobertura todas de áreas rurales, y son: Samuel Fina y 13 de Noviembre de la comunidad de Colomi, Luis Guzmán Araujo y Prudencio Araujo de la comunidad de Santiváñez, San José de Calasanz y Esteban Andia de la comunidad de Anzaldo) pertenecientes a las áreas rurales en las que predomina la cultura quechua, que participan junto a nosotras, el equipo de ACAC, fortalecieron sus aprendizajes y habilidades en torno al desarrollo de un pensamiento crítico y propositivo, derivados de procesos de reflexión/acción y la construcción comunitaria de conocimientos respecto de las formas de violencia que sufren las mujeres y la Pachamama (Madre Tierra). Producto de ello, elaboraron una Agenda titulada: “Nuestro ser, pensar, sentir y obrar para revertir las violencias contra las mujeres y la Pachamama”, documento que se tradujo en un medio para amplificar sus voces, demandar sus anhelos, sueños y esperanzas, no sólo al interior de sus unidades educativas, sino también, hacia afuera, hacia las autoridades locales y nacionales.
Hoy, ese documento se ha convertido, además, en una herramienta de aprendizaje para nuevas mujeres adolescentes indígenas que se han adherido a los grupos MAI, respetando dos requisitos formulados por sus predecesoras: El compromiso y cumplimiento en cada uno de los encuentros y acciones a desarrollarse y, el buen desempeño en las clases regulares.
Acompañadas por el equipo de la Asociación Cultural Amistad y Ciencia, los procesos de aprendizaje de las MAI recién integradas, fueron promovidos por sus compañeras antecesoras, significando para ambos grupos una experiencia sorprendente. Por un lado, las primeras, desde una escucha activa, comprendieron el cómo sus compañeras habían iniciado su propio camino y cómo, ellas, estaban iniciando el suyo desde otras vivencias, esta vez acompañadas por mujeres adolescentes provenientes de sus propios contextos y formas de expresión cultural y, las segundas, a partir de un pensar y planificar los encuentros, teniendo como propósito generar un cambio en el pensar, el sentir y el ser de la MAI entrantes, a través del cuestionamiento a las violencias que recaen sobre las mujeres en todos los espacios de la vida cotidiana. En ese sentido, como elemento principal del proceso formativo, a partir de preguntas problematizadoras, promovieron el debate, el análisis y posterior apropiación de los cinco actos de transformación que conforman la Agenda MAI: Las culturas promotoras del vivir bien, con equidad entre mujeres y hombres; la Pachamama como principio de vida; la educación como fundamento y posibilidad; la tecnología una herramienta de sensibilización y, la participación como forma de lucha compartida.
Los contenidos fueron abordados, no desde una mirada académica, sino, desde un otro posicionamiento, venido desde abajo, desde quienes se encuentran en esa espiral de violencias configuradas en razón de género, raza, etnia, edad, categorías que, si nos damos cuenta, se entretejen en la vida de las MAI.
Experiencia, reflexión y propuestas fueron parte de los procesos de formación entre ellas, con la certeza de que, es a través de su participación en distintos espacios y junto a distintas diversidades, que pueden ser escuchadas y sus planteamientos puestos en valor.
Se dieron cuenta que, para ello, requerían aprendizajes operativos: Tenemos que saber cómo participar y cómo hacer escuchar nuestras voces, dijeron. Así que, para profundizar más sobre lo que implica el acto de participar, invitaron a una lideresa de la Organización de Mujeres Campesinas Bartolina Sisa de nivel local, a fin de que comparta su experiencia de participación como mujer, campesina, quechua: Tenemos que luchar contra la triple discriminación que sufrimos, les dijo la lideresa, por ser mujeres, campesinas e indígenas. El encuentro trajo consigo un fuerte compromiso por parte de las MAI: Atreverse a hablar, dejar de ser sumisas, hacer escuchar sus voces, dejar de tener miedo y fortalecer su autoestima, valorando lo que son: Mujeres Adolescentes Indígenas y, añadieron, Quechuas.

